Rocío Maldonado, de la oficina del Secretario de Seguridad Pública (SSP) del D.F, Manuel Mondragón, dijo hoy que el funcionario se pondrá en contacto con La Banana Republic para explicar el cierre el viernes del puente peatonal del Palacio de los Deportes al Foro Sol.
A una llamada de este blog, Maldonado señaló que el Secretario se pondrá en comunicación por teléfono o correo elctrónico para explicar el cierre que se produjo durante el concierto de Peter Gabriel.
En un contacto previo con el Centro de Atención del Secretario, Daniel Tepespa, explicó que en esa oficina no estaba el Secretario y no podía preguntarle sobre el tema y aclaró que el objetivo de esa área son solicitudes de emergencia sobre vialidad y delitos del orden común (choques, atropellamientos, robos, etc..)
En caso de no responder, enviaremos a Mondragón un correo con la leyenda "La Banana Republic te denuncia", por la clausura del puente y por no respetar el derecho de petición establecido en el artículo 8o de la Constitución General de la República.
La Banana Republic te denuncia
Titula así tu texto cuando contactes a la persona que actúo sin tomar en cuenta la normatividad. Con una identidad colectiva, sentiremos que hacemos algo por el cambio.
martes, 31 de marzo de 2009
sábado, 28 de marzo de 2009
El Foro Sol es el peor lugar del mundo
Ayer Julio, Hilda, Martín y yo fuimos al concierto de Peter Gabriel, el mayor de los integrantes de la gran familia de músicos, junto con Ana y Juan Gabriel.
El tráfico para llegar al Foro Sol fue, como de costumbre, interminable. Pensativo en el asiento trasero observé la vista "tropical" del Viaducto y de pronto tuve un recuerdo cultural: La Autopista del Sur, el cuento de Julio Cortázar en el cuál un embotellamiento dura tantos días, que una mujer da a luz en su automóvil. Gracias a Dios, Hilda no estaba embarazada.
La memoria es eficaz para asociar. Julio pasó por ella y Martín a su oficina en Bucareli a las 7:30 de la noche. Recorrieron Avenida Cuauhtémoc y llegaron a la esquina con Viaducto a las 8:30 PM. Por supuesto, esto fue tiempo suficiente para que yo caminara por el viejo acueducto desde Nuevo León hasta Cuauhtémoc, y encontrarlos en la esquina con iluminación rosácea y morada de Liverpool.
No fue dificil para ellos encontrarme entre la fila interminable de adolescentes que hacían cola para obtener la firma de su artista favorito, cuyo nombre no puede entender, ni retener. El Forever Young de Bob Dylan, es un espejo que tiene sus dolorosas fisuras. Ni hablar.
La caminata no fue por deportista. No había taxis y por fin me puede sentar. El tiempo fue suficiente para descansar, porque llegamos casi una hora después a nuestro lugar de estacionamiento.
Comenté con Martín que hace algunos años solía ir en mi coche al Foro Sol con una mano en el volante y en la otra en mi cuba de litro, en una excelente botella de plástico promocional de Pepsi con tapa roja y popote. La bebida era un instrumento de medición sobre la duración del recorrido, ya que cuando me bajaba del coche, no quedaba ni una gota en el recipiente.
Junto al Palacio de los Deportes, se nos acercaron dos hombres para dirigirnos al lugar donde dejamos el coche. En un principio, pensé que era personal de OCESA, por su chaleco verde fosforescente y su identificación enmicada al cuello. Pero no, se trataba de "dueños de la calle" con uniforme y licencia -supongo- de la delegación.
La primera señal de corrupción institucionalizada fue el "son 100 pesos joven". Sobra decir que en la letra de la ley y en la vida de otros países, el espacio es público y gratuito. Si encuentra lugar libre bien y si no a buscar otro lugar legal para dejar el automóvil. Aquí, por supuesto, el espacio se comercializa negociando la norma con el policía, quien recibe una parte del dinero del acomodador, porque además en el lugar está prohibido estacionarse.
La cuba de litro era finalmente un verdadero desperdicio, ya que la caminata del Palacio al Foro Sol hacía que todo efecto del alcohol se esfumara y llegara uno a la butaca totalmente sobrio. Esta vez no llevábamos bebidas en mano, pero el recorrido duró aún más de los 20 minutos reglamentarios, debido a la nota surrealista (o autoritaria, según se vea), tan característica de una Banana Republic como la nuestra.
Sin ninguna explicación, el puente construido en Churubusco por el Gobierno de la Ciudad exprofeso para que OCESA contara con un acceso más corto y seguro al Foro, estaba cerrado y resguardado orgullosamente por policías, quienes informaban a la gente que tenían que irse hasta Añil.
¡Qué cosa más orate! Tuvimos que caminar a lo largo de toda la orilla del Palacio de los Deportes, unos 300 metros, hasta la otra punta y de ahí regresar a donde estábamos, pero al otro lado de Churubusco! Por supuesto, nunca hubo una explicación disponible por parte de los callados uniformados que parecían una caricatura del Tercer Reich.
El apelativo peregrinación es perfectamente aplicable a la situación. Todos los elementos estan ahí: recorrido de largas distancias, la masa de fieles oyentes y el Dios a reverenciar. Y cuanto más que para poder llegar el área general a la cuál pertencían mi boleto y el de Julio, tuvimos que dar una vuelta completa al Foro y entrar unos metros después de donde habíamos empezado. Así lo mandaba la "organización" del concierto. ¡Válgame! ¡De veras todo tiene que ver con Dios!
Luego de semejante recorrido eran 9:45 de la noche. Dos horas y cuarto después de la salida de Bucareli ¡Qué Travis ni que nada! Todo mundo a la espera de Peter Gabriel y nosotros con hambre. Bastante lógico después de semejante vicrucis. Así es que nos dirigimos a los puestos de comida y tuve la grata sorpresa, la única hasta el momento, de toparme con los tacos del Villamelón. ¿Desde cuando están en los eventos de OCESA?
La famosa taquería de la Plaza de Toros México con sus tacos salvajes. Mezcla de cecina, chorizo, chicharrón, jalapeño, cebolla y salsa. Muy ricos, pero no hubo manera de comerlos sólo de cecina, porque aunque disponibles, la memoria de la dependiente disponía sólo de algunos kilobytes de memoria RAM y si mucha gente por atender.
Así es que buscando algo ligero, le entré con Julio a los tacos "costeños". Primero cuatro para los dos ( $50 en total) y luego otros cuatro, ya que nos costaba más caro comer menos ($30 por dos tacos). Extraño marketing éste, el bananero, donde uno se ve forzado a consumir más, para no sentirse que el dueño del negocio -o el contador que fija los precios- te ensarta bien y bonito.
Julio encontró un caso más cuando compró las cervezas. Había sencillas o dobles, de $35 y $70. Sin embargo, uno tenía que comprar a fuerza las dobles, porque no les habían llegados a los amables bartenders, los vasos sencillos. Y muy propios ellos, le dijeron que no podían servir una sola cerveza en un vaso doble. ¿Hay algo más eficiente que el banana marketing? ¡Deja a los clientes sin opción! ¡Al fin que no hay otro lugar donde comprar!
Nos fuimos a sentar en el piso sin butacas que OCESA está empezando a contemplar recientemente para la zona general. Al parecer el concierto de U2 en Estadio Azteca fue el punto de partida para cambiar las cosas. Quizá un día cambien otras.
Se trata de los monopolios, comentó Julio sobre el tema de los tacos y las cervezas. Se trata de los monopolios que nadie quiere combatir, pensé yo. Es más fácil ponerse de acuerdo y hacer negocio con ellos.
¿Qué agrega de valor el comer menos tacos para que cuesten más? ¿Acaso es venta al mayoreo? En el caso de las palomitas de los cines. ¿Por qué sólo vale el 10% más el doble de palomitas? ¿Hay que engordar para evitar sentirse tonto por no aprovechar la oferta?
Justo cuando terminamos los tacos, se iluminó el escenario y empezó a sonar la música que acentuaría aún más la religiosidad del evento: The Rhytmn of the Heat.
Luego de las primeras canciones, Peter Gabriel confirmó la intuición que tuve en el recorrido de que todo tendría que ver con Dios: Tomó el micrófono y empezó a hablar en español con el acento de Juan Pablo II. No sólo su voz, sino su físico de sesentón, ayudaban también al parecido, que quizá Julio injustamente comenzó a establecer, porque cuando el papa polaco vino por primera vez a México, se veía más jóven y atlético que el hoy "gordito" cantante.
Sin embargo, Gabriel es tan dulce como el papa ochentón que vimos en sus últimos años, claro, cuando todavía podía hablar bien. Amoroso y con esa música de paz interior y temas tan contemporáneos, que parecen un antecedente directo del tono budista que tiene la espiritualidad Zen que surge del new age el día de hoy. Tan tierno, que le perdonamos haber incluido en su banda a la muy regular Melanie, cantante, tecladista y "orgullo de su nepotismo", como diría el ex presidente José López Portillo, cuando nombró a su hijo subsecretario de Programación y Presupuesto.
Secret World, Blood of Eden, San Jacinto, fueron algunas que manifestaron también esa dulzura. Pero también hubo la fuerza del groove del rock con Steam, el pop inteligente de Solsbury Hill y los intensos tambores africanos que se plasmaron en muchas canciones, como Intruder y Biko.
La noche tuvo excelente balance balance musical y buena dosis de olvido, gracias a un concierto inusualmente extenso de 2:40. Sólo nos acordamos de la peregrinación poco antes del final, cuando los efectos de la larga caminata nos mandaron a la lona un rato más.
El concierto finalizó y caminamos hacia la salida y tuvimos la esperanza que el puente estuviera reservado para que al final del concierto se pudiera cruzar Churubusco y llegar con facilidad al Palacio de los Deportes. Nos ilusionamos con niños chiquitos, pero para nada: Había que hacer otra vez el recorrido hasta la entrada para poder regresar caminando por la orilla del Viaducto.
Y ese fue el escenario más surrealista. Para no llegar hasta Añil, ya acompañados de Hilda, Martín y un grupo de cansados expectadores, encontramos un atajo por el Viaducto, justo a la orilla del abismo. La única manera de llegar al otro lado de una manera directa, era la antítesis de la educación vial: Una orilla de banqueta sin barandal que en un resbalón podría hacer caer a alguien hacia la parte interior de nuestro gran free-way.
Es decir, un gobierno que como tal, tendría que estar comprometido con la educación vial, permite el cierre del puente peatonal que ofrece la seguridad a los ciudadanos, y los conduce a que arriesguen su vida por atajos que son una amenaza ante el desquiciado flujo vehicular.
He ido a conciertos en muchas partes del mundo y nada se compara con esto. San Petesburgo, Buenos Aires, Budapest o Helsinki. Ni siquiera el Slane Castle, donde para llegar hay que ir caminando entre el lodo y transportarse desde Dublín en un camiones dispuestos para ello por el ayuntamiento.
Los fans mexicanos de Peter Gabriel deberían contarse aparte. Merecer un premio o tener un lugar en el salón de la fama. Quizá también los seguidores de todos los grupos que hacen su aparición en el Foro Sol, un monumento al monopolio, al riesgo y al abuso contra el espectador. Una copia tramposa del esfuerzo que hacía los antigüos amantes del Rock, para acercarse a sus ídolos. Hoy no hay improvisación y falta de recursos. Hay lucro sin competencia, cinismo de mercado cautivo.
Dos horas y media para llegar al lugar (lo mismo que duró el concierto) y 20 minutos de regreso al coche. Por si esto fuera poco, ayer tuvimos que soportar otra vez que trajeran a Gabriel sin el espectáculo completo que ofrece en Estados Unidos y otros países.
Si asistir al Foro Sol fuera como ir al supermercado y preguntaran "¿Encontró todo lo que deseaba?". Yo diría faltó casi todo, porque esto es un "mercado sobre ruedas".
El tráfico para llegar al Foro Sol fue, como de costumbre, interminable. Pensativo en el asiento trasero observé la vista "tropical" del Viaducto y de pronto tuve un recuerdo cultural: La Autopista del Sur, el cuento de Julio Cortázar en el cuál un embotellamiento dura tantos días, que una mujer da a luz en su automóvil. Gracias a Dios, Hilda no estaba embarazada.
La memoria es eficaz para asociar. Julio pasó por ella y Martín a su oficina en Bucareli a las 7:30 de la noche. Recorrieron Avenida Cuauhtémoc y llegaron a la esquina con Viaducto a las 8:30 PM. Por supuesto, esto fue tiempo suficiente para que yo caminara por el viejo acueducto desde Nuevo León hasta Cuauhtémoc, y encontrarlos en la esquina con iluminación rosácea y morada de Liverpool.
No fue dificil para ellos encontrarme entre la fila interminable de adolescentes que hacían cola para obtener la firma de su artista favorito, cuyo nombre no puede entender, ni retener. El Forever Young de Bob Dylan, es un espejo que tiene sus dolorosas fisuras. Ni hablar.
La caminata no fue por deportista. No había taxis y por fin me puede sentar. El tiempo fue suficiente para descansar, porque llegamos casi una hora después a nuestro lugar de estacionamiento.
Comenté con Martín que hace algunos años solía ir en mi coche al Foro Sol con una mano en el volante y en la otra en mi cuba de litro, en una excelente botella de plástico promocional de Pepsi con tapa roja y popote. La bebida era un instrumento de medición sobre la duración del recorrido, ya que cuando me bajaba del coche, no quedaba ni una gota en el recipiente.
Junto al Palacio de los Deportes, se nos acercaron dos hombres para dirigirnos al lugar donde dejamos el coche. En un principio, pensé que era personal de OCESA, por su chaleco verde fosforescente y su identificación enmicada al cuello. Pero no, se trataba de "dueños de la calle" con uniforme y licencia -supongo- de la delegación.
La primera señal de corrupción institucionalizada fue el "son 100 pesos joven". Sobra decir que en la letra de la ley y en la vida de otros países, el espacio es público y gratuito. Si encuentra lugar libre bien y si no a buscar otro lugar legal para dejar el automóvil. Aquí, por supuesto, el espacio se comercializa negociando la norma con el policía, quien recibe una parte del dinero del acomodador, porque además en el lugar está prohibido estacionarse.
La cuba de litro era finalmente un verdadero desperdicio, ya que la caminata del Palacio al Foro Sol hacía que todo efecto del alcohol se esfumara y llegara uno a la butaca totalmente sobrio. Esta vez no llevábamos bebidas en mano, pero el recorrido duró aún más de los 20 minutos reglamentarios, debido a la nota surrealista (o autoritaria, según se vea), tan característica de una Banana Republic como la nuestra.
Sin ninguna explicación, el puente construido en Churubusco por el Gobierno de la Ciudad exprofeso para que OCESA contara con un acceso más corto y seguro al Foro, estaba cerrado y resguardado orgullosamente por policías, quienes informaban a la gente que tenían que irse hasta Añil.
¡Qué cosa más orate! Tuvimos que caminar a lo largo de toda la orilla del Palacio de los Deportes, unos 300 metros, hasta la otra punta y de ahí regresar a donde estábamos, pero al otro lado de Churubusco! Por supuesto, nunca hubo una explicación disponible por parte de los callados uniformados que parecían una caricatura del Tercer Reich.
El apelativo peregrinación es perfectamente aplicable a la situación. Todos los elementos estan ahí: recorrido de largas distancias, la masa de fieles oyentes y el Dios a reverenciar. Y cuanto más que para poder llegar el área general a la cuál pertencían mi boleto y el de Julio, tuvimos que dar una vuelta completa al Foro y entrar unos metros después de donde habíamos empezado. Así lo mandaba la "organización" del concierto. ¡Válgame! ¡De veras todo tiene que ver con Dios!
Luego de semejante recorrido eran 9:45 de la noche. Dos horas y cuarto después de la salida de Bucareli ¡Qué Travis ni que nada! Todo mundo a la espera de Peter Gabriel y nosotros con hambre. Bastante lógico después de semejante vicrucis. Así es que nos dirigimos a los puestos de comida y tuve la grata sorpresa, la única hasta el momento, de toparme con los tacos del Villamelón. ¿Desde cuando están en los eventos de OCESA?
La famosa taquería de la Plaza de Toros México con sus tacos salvajes. Mezcla de cecina, chorizo, chicharrón, jalapeño, cebolla y salsa. Muy ricos, pero no hubo manera de comerlos sólo de cecina, porque aunque disponibles, la memoria de la dependiente disponía sólo de algunos kilobytes de memoria RAM y si mucha gente por atender.
Así es que buscando algo ligero, le entré con Julio a los tacos "costeños". Primero cuatro para los dos ( $50 en total) y luego otros cuatro, ya que nos costaba más caro comer menos ($30 por dos tacos). Extraño marketing éste, el bananero, donde uno se ve forzado a consumir más, para no sentirse que el dueño del negocio -o el contador que fija los precios- te ensarta bien y bonito.
Julio encontró un caso más cuando compró las cervezas. Había sencillas o dobles, de $35 y $70. Sin embargo, uno tenía que comprar a fuerza las dobles, porque no les habían llegados a los amables bartenders, los vasos sencillos. Y muy propios ellos, le dijeron que no podían servir una sola cerveza en un vaso doble. ¿Hay algo más eficiente que el banana marketing? ¡Deja a los clientes sin opción! ¡Al fin que no hay otro lugar donde comprar!
Nos fuimos a sentar en el piso sin butacas que OCESA está empezando a contemplar recientemente para la zona general. Al parecer el concierto de U2 en Estadio Azteca fue el punto de partida para cambiar las cosas. Quizá un día cambien otras.
Se trata de los monopolios, comentó Julio sobre el tema de los tacos y las cervezas. Se trata de los monopolios que nadie quiere combatir, pensé yo. Es más fácil ponerse de acuerdo y hacer negocio con ellos.
¿Qué agrega de valor el comer menos tacos para que cuesten más? ¿Acaso es venta al mayoreo? En el caso de las palomitas de los cines. ¿Por qué sólo vale el 10% más el doble de palomitas? ¿Hay que engordar para evitar sentirse tonto por no aprovechar la oferta?
Justo cuando terminamos los tacos, se iluminó el escenario y empezó a sonar la música que acentuaría aún más la religiosidad del evento: The Rhytmn of the Heat.
Luego de las primeras canciones, Peter Gabriel confirmó la intuición que tuve en el recorrido de que todo tendría que ver con Dios: Tomó el micrófono y empezó a hablar en español con el acento de Juan Pablo II. No sólo su voz, sino su físico de sesentón, ayudaban también al parecido, que quizá Julio injustamente comenzó a establecer, porque cuando el papa polaco vino por primera vez a México, se veía más jóven y atlético que el hoy "gordito" cantante.
Sin embargo, Gabriel es tan dulce como el papa ochentón que vimos en sus últimos años, claro, cuando todavía podía hablar bien. Amoroso y con esa música de paz interior y temas tan contemporáneos, que parecen un antecedente directo del tono budista que tiene la espiritualidad Zen que surge del new age el día de hoy. Tan tierno, que le perdonamos haber incluido en su banda a la muy regular Melanie, cantante, tecladista y "orgullo de su nepotismo", como diría el ex presidente José López Portillo, cuando nombró a su hijo subsecretario de Programación y Presupuesto.
Secret World, Blood of Eden, San Jacinto, fueron algunas que manifestaron también esa dulzura. Pero también hubo la fuerza del groove del rock con Steam, el pop inteligente de Solsbury Hill y los intensos tambores africanos que se plasmaron en muchas canciones, como Intruder y Biko.
La noche tuvo excelente balance balance musical y buena dosis de olvido, gracias a un concierto inusualmente extenso de 2:40. Sólo nos acordamos de la peregrinación poco antes del final, cuando los efectos de la larga caminata nos mandaron a la lona un rato más.
El concierto finalizó y caminamos hacia la salida y tuvimos la esperanza que el puente estuviera reservado para que al final del concierto se pudiera cruzar Churubusco y llegar con facilidad al Palacio de los Deportes. Nos ilusionamos con niños chiquitos, pero para nada: Había que hacer otra vez el recorrido hasta la entrada para poder regresar caminando por la orilla del Viaducto.
Y ese fue el escenario más surrealista. Para no llegar hasta Añil, ya acompañados de Hilda, Martín y un grupo de cansados expectadores, encontramos un atajo por el Viaducto, justo a la orilla del abismo. La única manera de llegar al otro lado de una manera directa, era la antítesis de la educación vial: Una orilla de banqueta sin barandal que en un resbalón podría hacer caer a alguien hacia la parte interior de nuestro gran free-way.
Es decir, un gobierno que como tal, tendría que estar comprometido con la educación vial, permite el cierre del puente peatonal que ofrece la seguridad a los ciudadanos, y los conduce a que arriesguen su vida por atajos que son una amenaza ante el desquiciado flujo vehicular.
He ido a conciertos en muchas partes del mundo y nada se compara con esto. San Petesburgo, Buenos Aires, Budapest o Helsinki. Ni siquiera el Slane Castle, donde para llegar hay que ir caminando entre el lodo y transportarse desde Dublín en un camiones dispuestos para ello por el ayuntamiento.
Los fans mexicanos de Peter Gabriel deberían contarse aparte. Merecer un premio o tener un lugar en el salón de la fama. Quizá también los seguidores de todos los grupos que hacen su aparición en el Foro Sol, un monumento al monopolio, al riesgo y al abuso contra el espectador. Una copia tramposa del esfuerzo que hacía los antigüos amantes del Rock, para acercarse a sus ídolos. Hoy no hay improvisación y falta de recursos. Hay lucro sin competencia, cinismo de mercado cautivo.
Dos horas y media para llegar al lugar (lo mismo que duró el concierto) y 20 minutos de regreso al coche. Por si esto fuera poco, ayer tuvimos que soportar otra vez que trajeran a Gabriel sin el espectáculo completo que ofrece en Estados Unidos y otros países.
Si asistir al Foro Sol fuera como ir al supermercado y preguntaran "¿Encontró todo lo que deseaba?". Yo diría faltó casi todo, porque esto es un "mercado sobre ruedas".
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